Legendarios

RELATO DE LUCÍA

En un lugar de la sierra de Extremadura, en la Comarca de la Vera, un bello y rico paisaje, nos situamos en 1979.

El viento parecía continuar el murmullo del cortejo fúnebre. La gente se santiguaba y la lluvia salpicaba los rostros consternados acompañando el ataúd llevado a hombros por sus familiares. Cerraron el ataúd, lo clavaron y lo bajaron a la fosa. Aunque el pueblo no era grande y todos se conocían, había algunos que todavía no se habían enterado de quién era el muerto.

- ¿ Y de quién se trata? -preguntó un curioso.

- Manuel García

- ¡El pastor!

- El mismo.

Manuel García toda su vida se había dedicado a su ganado, era una tradición familiar pues todos sus padres, sus abuelos eran pastores. No le importaba guardar su ganado cuando ya estaba bien entrada la noche en los bosques de la Comarca de la Vera. Le gustaba aspirar el aire fresco y limpio entre robles, alcornoques, pinos y flores silvestres que bajan hacia el río Tiétar. El ganado se alimentaba en esta paradisíaca comarca y el confiado a veces, ni volvía a casa a dormir.

Una de esas noches, en que Manuel se encontraba en los bosques habiendo guardado su ganado en el aprisco, le sorprendió una fuerte tormenta y fue a refugiarse en una cabaña de piedra (refugio de pastores) Cerró la puerta y en tiritera, se sentó delante de la chimenea. Revivió las ascuas que había en la lumbre y encendió el mismo un fuego. De pronto, estándose calentando, sucedió una ráfaga muy fuerte de viento por la chimenea e hizo que las llamas se esparcieran. En este momento, llamaron a la puerta y una voz femenina pidió auxilio y pedía entrar. El pastor le abrió la puerta y en la penumbra vió una persona enlutada desde la cabeza al suelo. Con respiración jadeante y un poco extraña, se sentó en un rincón de la cabaña. Manuel notaba algo fuera de lo normal en la respiración de esa mujer que estaba totalmente cubierta con una capa y una caperuza negra. Cuando intrigado miró a los pies de esa mujer y alumbrado por una ráfaga de fuego , ¡ cual fue su sorpresa y terror, al ver que sus pies eran pezuñas de cabra...!

Manuel preso de pánico, salió precipitadamente de la cabaña entre la lluvia y el viento por la espesura del bosque. Al llegar al pueblo, con los ojos desorbitados y la cara desencajada, no conseguía pronunciar palabra y apenas pudo delante de su hermana Petra, contar lo que había presenciado. Lo único que se le ocurrió decir fue: ¡he visto al demonio! En ese momento cayó desfallecido y murió de un infarto.

Desde entonces existe una leyenda de que en los parajes de la vera de Cáceres, muy cerca del Monasterio de Yuste, cuentan que las personas que vieron a esta extraña figura vestida de negro, mueren sin remedio. Los familiares de Manuel, que todavía viven, lo aseguran al quedarse con sus palabras.






















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