La pequeña luz de una lámpara de estudio ilumina un caos de papeles desperdigados por una pequeña mesa de despacho. Recostado en la silla, mirando por la ventana con un folio en la mano, el detective Martín Vergara mira al exterior, como esperando la respuesta del caso que lleva buscando ya seis semanas, desde que tirotearon en aquel teatro a aquellos desgraciados músicos. Una mujer de mediana edad entra en la habitación silenciosamente y con un hilo de voz susurra -“Déjalo por hoy, cariño. Mañana será otro día”- Se sienta sobre su regazo, le abraza y le besa dulcemente en los labios.
-“Ése es precisamente el problema. Que será otro día más. Y ya son demasiados sin tener nada claro. Sin pistas. No entiendo como en una sala llena de testigos, ni tres coinciden en sus descripciones de los asesinos. ¿Y porqué matar a una orquesta entera? No entiendo nada.”-
-“A lo mejor no les gustaba su música”- dice ella con una sonrisa en la cara. El detective le lanza una mirada de desaprobación a su amante esposa, y esta le responde sonriendo aún más. El detective ríe suavemente, sacude la cabeza y le susurra a su mujer -“Eres incorregible. No se que haría sin ti.”- y la abraza suavemente.
-“Quedarte sentado en esta silla eternamente”- responde ella riendo y revolviendo los papeles de la mesa. Coge uno al azar y lo observa. -“A ver que voy a resolver este caso en un momentillo.”- La mujer frunce el ceño y observa atentamente la ficha que tiene ante ella. Se queda en silencio un minuto y dice -“¡Ya está! Ha sido… ¡El mayordomo!”-
El detective suelta una gran carcajada como hacía mucho tiempo que su mujer no oía, y los dos se abrazan y ríen. Ella vuelve la vista al papel, y vuelve a fruncir el ceño. -“¡Madre mía! Si que le gustaba a este hombre la música. Todos los días cinco horas ensayando. Por la mañana de contable y por la tarde ensayando. Su mujer no le vería nada más que en la cama.”- Ambos ríen otra vez.
De repente, el detective para de reír, sus ojos se abren de par en par y vuelve su vista hacia los papeles, coge el papel de las manos de su esposa y lo observa. Ella se levanta de un salta y exclama -“¿Qué ocurre? ¿Algo va mal?”- Él comienza a revolver los papeles frenéticamente, examinando varios y comparándolos, y susurra -“¿Todos los días?”- Alaza la vista hacia su mujer y le pregunta -“Carmen, ¿tu hermana no toca también en una orquesta o algo así?”-
-“Si. ¿Porqué?”- responde ella intrigada.
El detective se levanta y se dirige hacia la puerta. -“Llámala y pregúntaselo, y luego llámame a mi”- Ella se queda inmóvil y grita -“¿Pero a dónde vas?”- Y sosteniendo la puerta él dice -“A la comisaría”- Y sale corriendo hacia su coche.