Legendarios

May 25, 2006

Mensaje de J.M. Pedrosa

Categorías: General

Querida Almudena y queridos alumnos:

Como os dije el otro día, no podré asistir a nuestro Taller del próximo martes porque ese día he de estar en un tribunal de tesis doctoral en la Universidad Complutense.

Había previsto que me sustituyese otra persona, pero he pensado, con el profesor Francisco Moreno, coordinador del Taller de Escritura, que, como se aproximan los exámenes, y como hemos ya hecho bastantes actividades "extraescolares" complementarias (teatro, talleres de Luis Mateo Díez y de Julia Barella, etc.), podía ser más adecuado dar por finalizado nuestro Taller.

En realidad, no será un final abrupto. Os propongo que, cuando terminéis vuestros exámenes, a finales de junio, nos juntemos un día, de manera informal (si queréis, podemos programar alguna otra visita al teatro, o una comida o una cena "de trabajo" en Alcalá o en Madrid) para hablar de vuestros escritos y de lo que queráis. Como estamos en contacto a través del blog o del email mágico de Almudena, yo creo que no nos será difícil organizarnos y darnos esa última alegría antes del verano.

¿Qué os parece? Escribid a Almudena (almudena.bernardos[arroba]gmail.com) y a mí (jmpedrosa2000[arroba]yahoo.es) para que vayamos empezando a programar algo. Y suerte en vuestros exámenes. Que la necesitaréis, me temo. JMP

May 22, 2006

Los Músicos Muertos II

El detective se dirige al coche entusiasmado, barajando miles de hipótesis, abre el coche, y, al alzar la vista, vislumbra una oscura figura, impasible, observándolo fijamente. Durante un instante nada más existe. Sólo una tensión mortal. El detective Vergara intuye que algo sabe esa extraña figura que podría ayudarle en este caso, y percibe el temor del desconocido. ¿Pero de él o de otros? Martín cierra lentamente el coche, y la figura al fondo de la calle, que hasta entonces había estado inmóvil se agita, pero no huye. Puede sentir el miedo desde allí. Sabe que si se precipita huirá, así que lentamente se va acercando al desconocido. Lentamente, como un ladrón en la noche. Pero cuando apenas unos metros le separan del misterioso personaje, este retrocede y sale corriendo. Martín, sorprendido, se queda parado durante un segundo, pero inmediatamente se recompone y sale corriendo tras él, gritando: “Espere, pare” El desconocido corre como si huyera de la muerte, sacudiendo de vez en cuando la cabeza, como arrepintiéndose de algo. Las preguntas sobre el extraño se amontonan en la cabeza de Martín –“¿Quién es? ¿Qué hacía frente a mi propia casa? ¿Quería quizás confesar algo?”- El extraño gira de repente hacia un estrecho callejón intentando despistar a Martín, pero son muchos años de profesión y demasiadas persecuciones. Pero ya no es el joven patrullero que se divertía con aquellas persecuciones, y esta está durando ya demasiado, así que utiliza algo que ha ganado en contraposición a la pérdida de la forma física: la astucia. Desenfundando su revólver grita: “Policía. Alto o disparo”. Pero ese grito dejó de ser efectivo hace mucho y ambos saben que ni el grito lo detendrá, ni Martín disparará a quién quizás sea su mejor testigo. Aun así Martín repite su amenaza cuando gira la esquina, sólo para encontrarse en su camino un cubo de basura contra el que se da de bruces. Martín cae de culo, pero rápidamente se rehace y vuelve a gritar: “Alto o disparo”. Ahora esta cabreado. Ahora no va a dejar que escape por nada del mundo. Apuntando al cielo y sin dejar de correr Martín grita una vez más y está vez dispara. El sonido inunda el callejón con un estruendo ensordecedor y el desconocido tropieza y cae al suelo, pero girando en el suelo rápidamente se recompone y sigue corriendo a trompicones. Martín tiene cada vez menos fuerza y cada vez el desconocido está más lejos. Se va a escapar. ¡No! ¡Es su única pista buena! ¡NO! Martín se para en seco, se yergue, y apuntando con un pulso firme como si no acabara de correr como un poseso, dispara. Justo delante del desconocido los cristales de una farola rota por el disparo saltan como agujas afiladas. El extraño se detiene súbitamente, tan pronto y tan asustado que cae de espaldas. Esta es su oportunidad. Martín hace un último esfuerzo y se lanza hacia el misterioso desconocido. El extraño se encuentra a sólo unos metros, intentando ponerse de pie. ¡Ya es suyo! ¡Si! De repente un sonido llena el silencio de la escena y el tiempo se detiene, la escena se ralentiza. El desconocido se desploma lentamente sobre un charco de sangre, mientras Martín se abalanza sobre él gritando: ¡NOOO! Martín cae sobre el cuerpo sin vida del desconocido y comienza a girar hacia la pared, se pone de rodillas y sacando su arma se cubre tras un contenedor. Lentamente se alza tras el contenedor apuntando con su arma hacia todos lados, pero quién quiera que ha disparado ya no está. Acercándose al cuerpo sin vida del desconocido guarda su arma e intenta sacudirse la sangre del abrigo. Echa mano al bolsillo y coge su teléfono. Aquí ya no queda mucho que hacer.

May 18, 2006

Testigo número 2

Mikael Naeve, nuestro compañero del taller, me ha pedido que os cuelgue este relato maravilloso que ha escrito sobre los músicos muertos. Poco más me queda por decir.

Una memoria fantástica, el crimen

Dudo que alguien todavía se acordara del horrible acontecimiento, como ya ha pasado muchos años y el olvido debe haber hecho su labor. El hecho tuvo lugar en noviembre de dos mil tres, en una ciudad lejana de la nuestra, Londres. Fueron tiempos inseguros y alegres y a veces pensaba que parecíamos un poco al pianista que seguía tocando a borde del Titanic. Encontré los papeles fuera de la comisaría en King Williams Street, al lado del parque verde, donde solía pasar los sábados escuchando el último partido de fútbol en mi pequeña radio portátil. Una carpeta azul guardaba el secreto. No la entregué de inmediato como debería haber hecho sino me la llevé al parque, al banco de madera oscura, y leí las palabras que no me pertenecían. De algún modo sabía que no iba a devolverla nunca. Sentía que no pude separarme de esta memoria escrita. Sentía que aunque tuviera que cometer un crimen para quedarme con ella valía la pena. Escondí la carpeta de mi mismo en un cajón en una de las habitaciones del apartamento. Pensaba que con el tiempo, la vergüenza se disminuiría hasta que un día podría volver a leer las letras sin sentir la culpa seductora que sentía entonces. Volví a mi país pero dejé a los mozos de mudanza bajar todas mis posesiones. Hace poco volví a encontrar la carpeta. He aquí el documento.

Pincha sobre este enlace para seguir leyendo. Testigo número 2

May 15, 2006

Pregunta

Categorías: General

¿Puedo preguntar quién ha tocado los posts y/o el CSS para que salga todo morado?

May 14, 2006

La morada de mi vacío

Categorías: Poemas

Si yo pudiera levantar mi alma y encontrarla…

En mi destino no encuentro mi morada.

Soy carne de aire que volando escapa

y no tengo nombre y mi garganta es un arpa.

Quiero beber y no bebo. Soy fiebre que se seca en su deseo.

Encontrar la fe y la paz no puedo

Cuando abro los ojos al mundo

que me asfixia con falsos brazos abiertos.

El amor era una mirada, un entendimiento sincero;

Una caricia furtiva, un beso puesto en un sueño.

Un algo que resplandece, un fin del dolor que no espero.

Mientras quiero atrapar con mis manos

un pedazo de ese cielo.

Ese instante en mi memoria que se cruza y retengo.

Y ahí está mi alma, mi destino, ese amor que era, es y fue

y la morada de un vacío que llenar sólo yo sé…

May 9, 2006

Los Músicos Muertos

La pequeña luz de una lámpara de estudio ilumina un caos de papeles desperdigados por una pequeña mesa de despacho. Recostado en la silla, mirando por la ventana con un folio en la mano, el detective Martín Vergara mira al exterior, como esperando la respuesta del caso que lleva buscando ya seis semanas, desde que tirotearon en aquel teatro a aquellos desgraciados músicos. Una mujer de mediana edad entra en la habitación silenciosamente y con un hilo de voz susurra -“Déjalo por hoy, cariño. Mañana será otro día”- Se sienta sobre su regazo, le abraza y le besa dulcemente en los labios.

-“Ése es precisamente el problema. Que será otro día más. Y ya son demasiados sin tener nada claro. Sin pistas. No entiendo como en una sala llena de testigos, ni tres coinciden en sus descripciones de los asesinos. ¿Y porqué matar a una orquesta entera? No entiendo nada.”-

-“A lo mejor no les gustaba su música”- dice ella con una sonrisa en la cara. El detective le lanza una mirada de desaprobación a su amante esposa, y esta le responde sonriendo aún más. El detective ríe suavemente, sacude la cabeza y le susurra a su mujer -“Eres incorregible. No se que haría sin ti.”- y la abraza suavemente.

-“Quedarte sentado en esta silla eternamente”- responde ella riendo y revolviendo los papeles de la mesa. Coge uno al azar y lo observa. -“A ver que voy a resolver este caso en un momentillo.”- La mujer frunce el ceño y observa atentamente la ficha que tiene ante ella. Se queda en silencio un minuto y dice -“¡Ya está! Ha sido… ¡El mayordomo!”-

El detective suelta una gran carcajada como hacía mucho tiempo que su mujer no oía, y los dos se abrazan y ríen. Ella vuelve la vista al papel, y vuelve a fruncir el ceño. -“¡Madre mía! Si que le gustaba a este hombre la música. Todos los días cinco horas ensayando. Por la mañana de contable y por la tarde ensayando. Su mujer no le vería nada más que en la cama.”- Ambos ríen otra vez.

De repente, el detective para de reír, sus ojos se abren de par en par y vuelve su vista hacia los papeles, coge el papel de las manos de su esposa y lo observa. Ella se levanta de un salta y exclama -“¿Qué ocurre? ¿Algo va mal?”- Él comienza a revolver los papeles frenéticamente, examinando varios y comparándolos, y susurra -“¿Todos los días?”- Alaza la vista hacia su mujer y le pregunta -“Carmen, ¿tu hermana no toca también en una orquesta o algo así?”-

-“Si. ¿Porqué?”- responde ella intrigada.

El detective se levanta y se dirige hacia la puerta. -“Llámala y pregúntaselo, y luego llámame a mi”- Ella se queda inmóvil y grita -“¿Pero a dónde vas?”- Y sosteniendo la puerta él dice -“A la comisaría”- Y sale corriendo hacia su coche.






















Tema diseñado por Hadley Wickham, modificado por Almudena I. Bernardos. Alojado en Blogsome.