Nadie me avisó de nada
Era una noche eterna. Nadie me avisó de nada. Seguían muriendo niños sin calma, las balas seguían cayendo sobre sienes inhertes, el humo del horror seguía ardiendo ahí fuera, los desenamorados seguían llorando por ellas, y ellas seguían su camíno impávidas.
Nadie me avisó de nada, sentí como estallaban las entrañas de mi cuerpo, sentí que el viento me empujaba sin esfuerzo hacia el comienzo.
Nadie me avisó de nada, sentí que tú eras tú, y que yo dejé de ser nadie.

